jue 9a. Ord. año impar desp Pentecostés (Id=382)


Primera Lectura

Señor, que los dos juntos vivamos felices hasta la vejez


Lectura del libro de Tobías
6, 10-11a; 7, 1.9-17; 8, 4-10

En aquellos días, cuando entraron a la provincia de Media y se acercaban a la ciudad de Ecbatana, Rafael le dijo al joven Tobías:
"Tobías, hermano".
El le contestó:
"¿Qué quieres?"
Rafael le dijo:
"Es necesario que pasemos esta noche en casa de Ragüel, pariente tuyo, que tiene una hija llamada Sara".
Al llegar a Ecbatana, Tobías le dijo a Rafael:
"Azarías, hermano, condúceme por el camino más corto a casa de Ragüel, nuestro hermano".
Rafael lo condujo a casa de Ragüel, a quien encontraron sentado en la puerta de su patio, y lo saludaron. El les contestó:
"Mucho gusto, hermanos. Sean bienvenidos".
Y los hizo entrar en su casa. Después de lavarse y bañarse, se sentaron a la mesa. Entonces Tobías le dijo a Rafael:
"Amigo Azarías, dile a Ragüel que me dé la mano de mi pariente Sara".
Ragüel oyó lo que decía y le dijo a Tobías:
"Come, bebe y descansa tranquilamente esta noche. Nadie tiene más derecho que tú, hermano, para casarse con mi hija Sara, y a nadie se la puedo yo dar sino a ti, porque tú eres mi pariente más cercano. Pero tengo que decirte una cosa, hijo. Se la he entregado a siete parientes nuestros y todos murieron antes de tener relaciones con ella. Por eso, hijo, come y bebe y el Señor cuidará de ustedes".
Tobías replicó:
"No comeré ni beberé, hasta que no hayas tomado una decisión acerca de lo que te he pedido".
Ragüel le contestó:
"Está bien. Según la ley de Moisés, a ti se te debe dar. Dios mismo manda que te la entregue. Cásate, pues, con tu hermana. Desde hoy y para siempre será tu esposa. Hijo, que el Señor del cielo los acompañe durante esta noche, tenga misericordia de ustedes y les conceda su paz". Ragüel llamó a su hija Sara, la tomó de la mano y se la entregó a Tobías, diciéndole:
"Recíbela, pues, según lo prescrito en la ley de Moisés, que manda que te sea entregada por esposa. Tómala y llévala con salud a casa de tu padre. Que el Dios del cielo los llene de paz".
Luego llamó a la madre y le pidió papel en el que escribió el contrato matrimonial, según el cual se la entregaba a Tobías como esposa conforme a lo mandado en la ley de Moisés. Y después se sentaron a cenar.
Ragüel llamó a su esposa Edna, y le dijo:
"Mujer, prepárales la habitación y lleva allí a Sara".
Edna fue, preparó el lecho como su esposo le había indicado y, llorando por la suerte de Sara, la condujo allí. Se enjugó las lágrimas y le dijo:
"Hija mía, ten valor, que el Señor del cielo cambie tu tristeza en alegría. Ten valor".
Y salió de la habitación. Cuando Ragüel y Edna se retiraron, Tobías se levantó y le dijo a Sara:
"Levántate, mujer. Oremos y supliquemos al Señor, nuestro Dios, que tenga misericordia de nosotros y nos proteja".
Se levantó Sara y empezaron a rezar al Señor que los protegiera, diciendo:
"Bendito seas, Dios de nuestros padres y bendito sea tu nombre por los siglos de los siglos. Que te bendigan los cielos y todas las criaturas por los siglos de los siglos. Tú creaste a Adán y le diste a Eva como ayuda y apoyo, y de ambos procede el género humano. Tú dijiste: "No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacer a alguien como él, para que le ayude". Ahora, Señor, si yo tomo por esposa a esta pariente mía, no es por satisfacer mis pasiones, sino por un fin honesto. Compadécete, Señor, de ella y de mí y haz que los dos juntos vivamos felices hasta la vejez".
Y los dos dijeron:
"Amén, amén".
Y se durmieron en paz.
Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.


Salmo
Responsorial

Del salmo 127


Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.

Beati omnes qui timent Dóminum.

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos: comerá del fruto de su trabajo, será dichoso, le irá bien.
Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.
Beati omnes qui timent Dóminum.

Su mujer como vid fecunda en medio de su casa; sus hijos, como renuevos de olivo alrededor de su mesa.
Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.
Beati omnes qui timent Dóminum.

Esta es la bendición del que teme al Señor: "Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida".
Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.
Beati omnes qui timent Dóminum.

Aclamación antes del Evangelio


Aleluya, aleluya.


Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
Da mihi intelléctum, et scrutábor legem tuam, Dómine, et custódiam illam in toto corde meo.

Aleluya.


Evangelio

Este es el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste


† Lectura del santo Evangelio según san Marcos
12, 28b-34


Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
"¿Cuál es el primero de todos los mandamientos ?"
Jesús le respondió:
"El primero es: Escucha Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas. El segundo es éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos".
El escriba replicó:
"Muy bien, Maestro. Tienes razón cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios".
Jesús, viendo que había respondido muy sensatamente, le dijo:
"No estás lejos del Reino de Dios".
Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.


[Misa]